Sílfide para ser adorada
en el santuario del sexo;
ninfa de metros y plazas
sirena de asfaltos y lechos.
Placer de ira masturbada
a la lumbre del deseo,
a la sombra de sus nalgas
y a la seda de su vello.
Diosa de fe orgasmada
eyacula por su cuello
amor sin docta morada,
sin sabores y sin techos.
En si misma comulgada
como vulva de los cielos;
virgen de misa privada
santa madre del consuelo.
Sólo en ella y por nada
la carne se hace verbo,
la entrepierna se hace agua
y el objeto es placebo.
CLAUDIETA, poetisa lesbiana.
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lunes, 25 de noviembre de 2013
sábado, 15 de junio de 2013
OFRENDA
Yo soy ese tipo que ha cometido la osadía
de creerse poeta por unos instantes
esas efímeras eternidades que me tornaron insoportable,
y excavó con desesperación en el fondo de la noche
buscando palabras desconocidas
para dárselas al mundo en una jauría de gaviotas.
El que arrojó piedras a vagones ajenos de trenes inalcanzables
que cruzaban el oxidado horizonte del desierto,
el que pateó pelotas de trapo envueltas en viejas medias
en un potrero de cardos rusos gigantes y vientos furibundos,
y corrió entre cigueñas negras y alacranes amarillos
para calmar la sed de infinito y el hambre de mujer.
El tipo que se dejó crecer la barba
y lanzó volantes rojos en el aire espeso de la ciudad
como un acto de rebeldía en medio de la derrota.
El que recorrió bares y cabarets
buscando a la hembra más puta del mundo,
y terminó durmiendo sobre las mesas
la borrachera de todos los poetas malditos de la historia.
Yo soy el pastor de ovejas descarriadas
adicto a las sombras bajo la gran luz.
El lobizón que se hizo hombre
en una noche de incontables lunas sin cielo.
Yo soy la oveja que se comió al lobo.
Yo soy ese tipo que llaman padre
el santo padre putativo corruptor de menores de espíritu
adúltero de vírgenes endemonidas exorcista de toda estupidez.
El que cura las llagas de mujeres en pena
místico sanador de seres vulnerables de corazón.
Yo soy el dador de semen, el precario proveedor de cielos.
El que camina bajo la noche en callejones oscuros
y hace discursos salvadores para un tiempo desquiciado
entre multitud de cartoneros, desterrados y borrachos que aplauden y ríen
mientras las cucarachas observan la escena desde prudente distancia.
Yo también soy el tipo
que ha cometido la estupidez de escribir este poema,
él mismo, que tiene ahora la insolencia
de ofrendárselo a ustedes
como un brusco zarpazo en la voz del silencio.-
Aldo Luis Novelli - (desde los bordes del desierto)
poeta - narrador - ensayista
Neuquén - Patagonia -Argentina
lunes, 18 de marzo de 2013
Invierno en el pecho
Supongo que debajo de tu falda
la primavera sigue llegando antes.
Hoy hace frío.
El cielo no amenaza con mojarme los recuerdos
pero no puedo prometer que no haya llorado.
Nunca he pensado que sea ridículo ver a un hombre llorar,
sin embargo si el que llora soy yo
ni siquiera puedo sentirme hombre.
Hace frío.
La mayoría de las veces
el clima depende más de con quién estés
que de la temperatura que haya.
No tienes ni las más remota idea
de como de grande se hacía el sol
cada vez que me besabas.
Y es imposible no llegar a amar ciertos errores
cuando fuiste tú la mayor equivocación de toda mi vida,
cuando para volver a la inocencia
tengo que recordarte suspirándome al oído
con el aire robado de algún beso.
Estoy seguro que el levante sigue soplando fuerte
para llevarse tu perfume,
que tu nuca cuando te recoges el pelo
sigue pareciendo una isla perdida del pacífico.
Y es que cualquier naufragio
es mejor que navegar sin ti.
Suena una canción que te conoce,
en un acorde de la tercera estrofa
he vuelto a perder el equilibrio.
Lo peor de caer no es el cómo
si no el donde.
A toda esta madrugada le cabe tu nombre,
tengo heridas de folios en blanco en las muñecas
me desangro en azul sobre el escritorio.
La realidad es que siempre he sido tan poeta
como ha querido tu ausencia.
Y hace frío.
La última vez que bebí para olvidarte,
acabé olvidando que bebía.
Es jodidamente triste.
A veces el amor se olvida de que existes
y cuando digo el amor, digo tu nombre.
Supongo que ya no tienes aquel vestido
en el que mis manos aprendieron
el verdadero significado de la palabra coño.
Aquella camisa escotada
que derretía el hielo de las copas.
Que ya no descruzas las piernas esperando
que alguien acierte el color de sus sueños.
Y supongo que tampoco te hace falta.
Y estarás en algún lugar sin posdatas,
con los pómulos coloreados
y esa sonrisa de quien sabe que tiene alas,
haciéndole el amor a los escaparates de un centro comercial,
comiendo caramelos de colores
y mintiendo sobre tu edad
al conjunto más sexy de una tienda de lencería.
Con la primavera floreciendo debajo de tu falda,
quizás sin saber que de aquí
te llevaste el verano para siempre.
Y hace frío.
pecadocapital79
miércoles, 12 de septiembre de 2012
CALAMBUR
La axila vegetal, la piel de leche,
espumosa y floral, desnuda y sola,
niegas tu cuerpo al mar, ola tras ola,
y, lo entregas al sol; que le aproveche.
La pupila de Dios, dulce y piadosa,
dora esta hora de otoño larga y cálida,
y bajo su mirada tu piel pálida
pasa de rosa blanca a rosa rosa.
Me siento dios por un instante; os veo
a él, a ti, al mar, la luz, la tarde.
Todo lo que contemplo vibra y arde,
y mi deseo se cumple en mi deseo:
dore mi sol así las olas y la
espuma que en tu cuerpo canta, canta
-más por tus senos que por tu garganta-
do re mi sol la si la sol la si la.
Ángel GONZÁlEZ
espumosa y floral, desnuda y sola,
niegas tu cuerpo al mar, ola tras ola,
y, lo entregas al sol; que le aproveche.
La pupila de Dios, dulce y piadosa,
dora esta hora de otoño larga y cálida,
y bajo su mirada tu piel pálida
pasa de rosa blanca a rosa rosa.
Me siento dios por un instante; os veo
a él, a ti, al mar, la luz, la tarde.
Todo lo que contemplo vibra y arde,
y mi deseo se cumple en mi deseo:
dore mi sol así las olas y la
espuma que en tu cuerpo canta, canta
-más por tus senos que por tu garganta-
do re mi sol la si la sol la si la.
Ángel GONZÁlEZ
miércoles, 25 de julio de 2012
FUMANDO ESPERO

Fumar es un placer
genial, sensual.
Fumando espero
al hombre a quien yo quiero,
tras los cristales
de alegres ventanales.
Mientras fumo,
mi vida no consumo
porque flotando el humo
me suelo adormecer...
Tendida en la chaisse longue
soñar y amar...
Ver a mi amante
solícito y galante,
sentir sus labios
besar con besos sabios,
y el devaneo
sentir con más deseos
cuando sus ojos veo,
sedientos de pasión.
Por eso estando mi bien
es mi fumar un edén.
Dame el humo de tu boca.
Anda, que así me vuelvo loca.
Corre que quiero enloquecer
de placer,
sintiendo ese calor
del humo embriagador
que acaba por prender
la llama ardiente del amor.
Mi egipcio es especial,
qué olor, señor.
Tras la batalla
en que el amor estalla,
un cigarrillo
es siempre un descansillo
y aunque parece
que el cuerpo languidece,
tras el cigarro crece
su fuerza, su vigor.
La hora de inquietud
con él, no es cruel,
sus espirales son sueños celestiales,
y forman nubes
que así a la gloria suben
y envuelta en ella,
su chispa es una estrella
que luce, clara y bella
con rápido fulgor.
Por eso estando mi bien
es mi fumar un edén.
¿Carlos Gardel?
jueves, 5 de julio de 2012
Nos ocupamos del mar
y tenemos dividida la tarea.
Ella cuida de las olas
yo vigilo la marea.
Es cansado,
por eso, al llegar la noche,
ella descansa a mi lado,
mis ojos en su costado.
También cuidamos la tierra
y también con el trabajo dividido.
Yo troncos, frutos y flores,
ella riega lo escondido.
Es cansado,
por eso, al llegar la noche,
ella descansa a mi lado.
Mis manos en su costado.
Todas las cosas tratamos
cada uno, según es nuestro talante.
Yo lo que tiene importancia,
ella todo lo importante.
Es cansado,
por eso, al llegar la noche,
ella descansa a mi lado
y mi voz en su costado.
Javier Krahe
y tenemos dividida la tarea.
Ella cuida de las olas
yo vigilo la marea.
Es cansado,
por eso, al llegar la noche,
ella descansa a mi lado,
mis ojos en su costado.
También cuidamos la tierra
y también con el trabajo dividido.
Yo troncos, frutos y flores,
ella riega lo escondido.
Es cansado,
por eso, al llegar la noche,
ella descansa a mi lado.
Mis manos en su costado.
Todas las cosas tratamos
cada uno, según es nuestro talante.
Yo lo que tiene importancia,
ella todo lo importante.
Es cansado,
por eso, al llegar la noche,
ella descansa a mi lado
y mi voz en su costado.
Javier Krahe
jueves, 21 de junio de 2012
Tiempo de PAN Y CIRCO
Al villano se la dan
la cebolla con el pan.
Para que el tosco villano,
cuando quiera alborear,
salga con su par de bueyes 5
y su arado (¡otro que tal!)
le dan pan, le dan cebolla,
y vino también le dan.
Ya camina, ya se acerca,
ya llega, ya empieza a arar.
Anónimo castellano
la cebolla con el pan.
Para que el tosco villano,
cuando quiera alborear,
salga con su par de bueyes 5
y su arado (¡otro que tal!)
le dan pan, le dan cebolla,
y vino también le dan.
Ya camina, ya se acerca,
ya llega, ya empieza a arar.
Anónimo castellano
sábado, 28 de abril de 2012
LA LENTITUD DE LOS BUEYES
1. Nuestra quietud es dulce y azul y torturada en esta hora...
Nuestra quietud es dulce y azul y torturada en esta hora.
Todo es tan lento como el pasar de un buey sobre la nieve. Todo tan blando
como las bayas rojas del acebo.
Nuestro abandono es grande como la existencia, profundo como el sabor
de las frutas machacadas. Nuestro abandono no termina con el cansancio.
No es un error la lentitud, ni habitan nuestra alma las oquedades del conocimiento.
En algún zarzal lejano anida un pájaro de aceite que nace con el día. Siento su sed
granate algunas veces. Su abandono es tan dulce como el nuestro.
Su lentitud no está desposeída de costumbre.
* * * * *
3. Nada trasciende la densa mansedumbre de esta tarde...
Nada trasciende la densa mansedumbre de esta tarde.
Todo está en calma delante de mis ojos: las cigüeñas varadas
sobre el silencio, y los frutales florecidos más allá del tendido del ferrocarril.
En odres muy antiguos, tan antiguos que ni siquiera el dolor
puede alcanzarles, está guardado el tiempo. Y su costumbre deja posos
más ácidos y azules que el olvido.
Como hierba crecida entre ruinas, la soledad es su único alimento y,
sin embargo, su sustancia es tan dulce como nata crecida.
Abstenéos, no obstante, de ponerle interrogantes amarillas
o de buscar dioses de trapo allí donde existen solamente aguas absurdas.
De todos es sabido que el tiempo no posee otra grandeza
que su propia mansedumbre.
* * * * *
7. Hay racimos de soledad en tus manos...
Hay racimos de soledad en tus manos, desposesiones más antiguas
que la sangre.
Huyen los años de tus ojos como bandadas de cometas por las plazas maduras.
(Sólo quedan los bueyes rumiando su tristeza.)
Has conocido, entre gavillas de silencio, el sabor amarillo de mis pasos,
el humo indescifrable de las brasas sin tiempo.
Nunca mi lejanía se amasó con barro, pero puse en tu boca las yemas más
quemadas y los besos más lentos. Nunca mi lejanía se espesó hasta tu cuerpo.
Como una fuente vieja, azul desde su olvido, arrinconaste el miedo
en arcas inviolables.
Ni siquiera el dolor estalla entre tus labios. Ni siquiera la antigua,
la salada tristeza de mis besos.
* * * * *
11. Si te pusiera copos de tierra sobre la boca...
Si te pusiera copos de tierra sobre la boca, sabrías la acidez que me posee.
Si apoyase mis preguntas en tus hombros, te desmoronarías como una
estatua de sal.
(¿O acaso puede alguien soportar el equilibrio de los árboles más altos?)
Pero no quiero condenarte a ser cuenco de nieve o roca muda.
Advierto en tus andenes una espera infinita y tus silencios me son agrios
como bruma.
Los mercaderes montan sus puestos de mentiras y perfumes a tu paso.
Tus recuerdos esperan, apostados como perros, el momento en que se incendie
la nostalgia.
Reconozco que mis preguntas aumentarían tu indefensión.
* * * * *
13. Yo no recuerdo sino el sabor de la duda...
Yo no recuerdo sino el sabor de la duda como un alud de fresas
sobre las blandas escamas de mi boca.
He olvidado el lugar donde las nieves más azules consiguen resistirse
a su abandono.
He olvidado ya hace tiempo la dócil lentitud de los molinos.
Mucho antes de la hora de los vagabundos, y a través de arboledas heladas,
caminé largamente hacia la mansedumbre. Busqué los prados donde pastan
los bueyes más antiguos.
Rocas más amarillas que el silencio puse sobre mi incertidumbre.
Rocas más dilatadas que algodón.
Y no quedó otra cosa que la duda fluyendo dulcemente, como nata derretida.
Yo no sé si, después de la muerte, alguien vendrá a dormirme con leyendas
aprendidas en lugares lejanos.
Yo no sé si el aguacero de la nada apagará los hornos de la mendicidad.
Pero es seguro que palabras absolutas, más absolutas que vasijas de aceite
derramadas, me estarán esperando al otro lado del olvido.
Y entre esas voces acuñadas sobre moldes de arcilla y certidumbre,
mi voz sonará extraña como tomillo arraigado en las cuestas del amor.
Mi voz será como un paréntesis de duda.
Julio LLAMAZARES
Nuestra quietud es dulce y azul y torturada en esta hora.
Todo es tan lento como el pasar de un buey sobre la nieve. Todo tan blando
como las bayas rojas del acebo.
Nuestro abandono es grande como la existencia, profundo como el sabor
de las frutas machacadas. Nuestro abandono no termina con el cansancio.
No es un error la lentitud, ni habitan nuestra alma las oquedades del conocimiento.
En algún zarzal lejano anida un pájaro de aceite que nace con el día. Siento su sed
granate algunas veces. Su abandono es tan dulce como el nuestro.
Su lentitud no está desposeída de costumbre.
* * * * *
3. Nada trasciende la densa mansedumbre de esta tarde...
Nada trasciende la densa mansedumbre de esta tarde.
Todo está en calma delante de mis ojos: las cigüeñas varadas
sobre el silencio, y los frutales florecidos más allá del tendido del ferrocarril.
En odres muy antiguos, tan antiguos que ni siquiera el dolor
puede alcanzarles, está guardado el tiempo. Y su costumbre deja posos
más ácidos y azules que el olvido.
Como hierba crecida entre ruinas, la soledad es su único alimento y,
sin embargo, su sustancia es tan dulce como nata crecida.
Abstenéos, no obstante, de ponerle interrogantes amarillas
o de buscar dioses de trapo allí donde existen solamente aguas absurdas.
De todos es sabido que el tiempo no posee otra grandeza
que su propia mansedumbre.
* * * * *
7. Hay racimos de soledad en tus manos...
Hay racimos de soledad en tus manos, desposesiones más antiguas
que la sangre.
Huyen los años de tus ojos como bandadas de cometas por las plazas maduras.
(Sólo quedan los bueyes rumiando su tristeza.)
Has conocido, entre gavillas de silencio, el sabor amarillo de mis pasos,
el humo indescifrable de las brasas sin tiempo.
Nunca mi lejanía se amasó con barro, pero puse en tu boca las yemas más
quemadas y los besos más lentos. Nunca mi lejanía se espesó hasta tu cuerpo.
Como una fuente vieja, azul desde su olvido, arrinconaste el miedo
en arcas inviolables.
Ni siquiera el dolor estalla entre tus labios. Ni siquiera la antigua,
la salada tristeza de mis besos.
* * * * *
11. Si te pusiera copos de tierra sobre la boca...
Si te pusiera copos de tierra sobre la boca, sabrías la acidez que me posee.
Si apoyase mis preguntas en tus hombros, te desmoronarías como una
estatua de sal.
(¿O acaso puede alguien soportar el equilibrio de los árboles más altos?)
Pero no quiero condenarte a ser cuenco de nieve o roca muda.
Advierto en tus andenes una espera infinita y tus silencios me son agrios
como bruma.
Los mercaderes montan sus puestos de mentiras y perfumes a tu paso.
Tus recuerdos esperan, apostados como perros, el momento en que se incendie
la nostalgia.
Reconozco que mis preguntas aumentarían tu indefensión.
* * * * *
13. Yo no recuerdo sino el sabor de la duda...
Yo no recuerdo sino el sabor de la duda como un alud de fresas
sobre las blandas escamas de mi boca.
He olvidado el lugar donde las nieves más azules consiguen resistirse
a su abandono.
He olvidado ya hace tiempo la dócil lentitud de los molinos.
Mucho antes de la hora de los vagabundos, y a través de arboledas heladas,
caminé largamente hacia la mansedumbre. Busqué los prados donde pastan
los bueyes más antiguos.
Rocas más amarillas que el silencio puse sobre mi incertidumbre.
Rocas más dilatadas que algodón.
Y no quedó otra cosa que la duda fluyendo dulcemente, como nata derretida.
Yo no sé si, después de la muerte, alguien vendrá a dormirme con leyendas
aprendidas en lugares lejanos.
Yo no sé si el aguacero de la nada apagará los hornos de la mendicidad.
Pero es seguro que palabras absolutas, más absolutas que vasijas de aceite
derramadas, me estarán esperando al otro lado del olvido.
Y entre esas voces acuñadas sobre moldes de arcilla y certidumbre,
mi voz sonará extraña como tomillo arraigado en las cuestas del amor.
Mi voz será como un paréntesis de duda.
Julio LLAMAZARES
martes, 3 de abril de 2012
POEMA XIX
Niña morena y ágil, el sol que hace las frutas,
el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas,
hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos
y tu boca que tiene la sonrisa del agua.
Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras
de la negra melena, cuando estiras los brazos.
Tú juegas con el sol como con un estero
y él te deja en los ojos dos oscuros remansos.
Niña morena y ágil, nada hacia ti me acerca.
Todo de ti me aleja, como del mediodía.
Eres la delirante juventud de la abeja,
la embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga.
Mi corazón sombrío te busca, sin embargo,
y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada.
Mariposa morena dulce y definitiva
como el trigal y el sol, la amapola y el agua.
Pablo NERUDA
el que cuaja los trigos, el que tuerce las algas,
hizo tu cuerpo alegre, tus luminosos ojos
y tu boca que tiene la sonrisa del agua.
Un sol negro y ansioso se te arrolla en las hebras
de la negra melena, cuando estiras los brazos.
Tú juegas con el sol como con un estero
y él te deja en los ojos dos oscuros remansos.
Niña morena y ágil, nada hacia ti me acerca.
Todo de ti me aleja, como del mediodía.
Eres la delirante juventud de la abeja,
la embriaguez de la ola, la fuerza de la espiga.
Mi corazón sombrío te busca, sin embargo,
y amo tu cuerpo alegre, tu voz suelta y delgada.
Mariposa morena dulce y definitiva
como el trigal y el sol, la amapola y el agua.
Pablo NERUDA
LA RUBIA
Enamorarse de la rubia hasta los huesos.
perder el sueño, la camilla
el poco criterio, la cabeza.
Ir con la rubia, tras la rubia,
por la rubia, como el Dante
al mismisimo ombligo del infierno.
Hay mujeres mas bellas,
pero la rubia es la rubia,
como el semen, el helado de crema,
el impermeable amarillo de Dick Tracy.
La rubia es una pesadilla que se vive despierto
La rubia es un enigma al final del hastío y de la fiesta.
Y hay que amarla así,
rubia traicionera, amante del amigo,
escapada de un filme del deseo.
Inútil convencerla, desteñirla,
implorarle piedad para este corazón.
Antes de ella, sereno,
imposible evitar los conflictos nocturnos
con sus ojos de barco, su boca negadora,
su pelo de cerveza,sus otras obviedades,
su increible figura de sirena terrestre
maldecida en silencio por las viejas.
Enamorarse de la rubia hasta los huesos
antes de que la edad, la tumba,
o la comodidad del hogar
nos arruine la fiesta.
¿Anónimo?
perder el sueño, la camilla
el poco criterio, la cabeza.
Ir con la rubia, tras la rubia,
por la rubia, como el Dante
al mismisimo ombligo del infierno.
Hay mujeres mas bellas,
pero la rubia es la rubia,
como el semen, el helado de crema,
el impermeable amarillo de Dick Tracy.
La rubia es una pesadilla que se vive despierto
La rubia es un enigma al final del hastío y de la fiesta.
Y hay que amarla así,
rubia traicionera, amante del amigo,
escapada de un filme del deseo.
Inútil convencerla, desteñirla,
implorarle piedad para este corazón.
Antes de ella, sereno,
imposible evitar los conflictos nocturnos
con sus ojos de barco, su boca negadora,
su pelo de cerveza,sus otras obviedades,
su increible figura de sirena terrestre
maldecida en silencio por las viejas.
Enamorarse de la rubia hasta los huesos
antes de que la edad, la tumba,
o la comodidad del hogar
nos arruine la fiesta.
¿Anónimo?
domingo, 25 de marzo de 2012
Respuesta de Don Tomás de Iriarte a una dama que le preguntó qué era lo mejor que hallaba en su cuerpo
Con licencia, señora, de ese pelo
que en rubias ondas llega a la cintura,
y de esos ojos cuya travesura
ardor infunde al pecho más de hielo;
con licencia del talle, que es modelo
propuesto por Cupido a la hermosura,
y de esa grata voz cuya dulzura
de un alma enamorada es el consuelo,
juro que nada en tu persona he visto
como el culo que tienes, soberano,
grande, redondo, grueso, limpio, listo;
culo fresco, suavísimo, lozano;
culo, en fin, que nació, ¡fuego de Cristo!,
para el mismo Pontífice romano.
Tomás de IRIARTE
que en rubias ondas llega a la cintura,
y de esos ojos cuya travesura
ardor infunde al pecho más de hielo;
con licencia del talle, que es modelo
propuesto por Cupido a la hermosura,
y de esa grata voz cuya dulzura
de un alma enamorada es el consuelo,
juro que nada en tu persona he visto
como el culo que tienes, soberano,
grande, redondo, grueso, limpio, listo;
culo fresco, suavísimo, lozano;
culo, en fin, que nació, ¡fuego de Cristo!,
para el mismo Pontífice romano.
Tomás de IRIARTE
domingo, 18 de marzo de 2012
TE QUIERO O NO
NO te quiero sino porque te quiero
y de quererte a no quererte llego
y de esperarte cuando no te espero
pasa mi corazón del frío al fuego.
Te quiero sólo porque a ti te quiero,
te odio sin fin, y odiándote te ruego,
y la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego.
Tal vez consumirá la luz de enero,
su rayo cruel, mi corazón entero,
robándome la llave del sosiego.
En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego.
Pablo NERUDA
y de quererte a no quererte llego
y de esperarte cuando no te espero
pasa mi corazón del frío al fuego.
Te quiero sólo porque a ti te quiero,
te odio sin fin, y odiándote te ruego,
y la medida de mi amor viajero
es no verte y amarte como un ciego.
Tal vez consumirá la luz de enero,
su rayo cruel, mi corazón entero,
robándome la llave del sosiego.
En esta historia sólo yo me muero
y moriré de amor porque te quiero,
porque te quiero, amor, a sangre y fuego.
Pablo NERUDA
AL VOLVER
Aquí nació mi vida a la esperanza
y aquí esperé también que moriría;
ahora que vuelvo aquí, parecería
que el tiempo me persigue y no me alcanza.
Detiene otoño el paso a la mudanza
que en la luz, en el aire se extasía;
los árboles son llamas, su alegría
enciende ya mi bienaventuranza.
Todo pasó. Todo quedó lo mismo:
como si en este otoño floreciera,
ardiendo en el fulgor de su espejismo,
última para mí, la primavera;
abismo del no ser al ser abismo,
la eternidad del tiempo prisionera.
José BERGAMÍN
y aquí esperé también que moriría;
ahora que vuelvo aquí, parecería
que el tiempo me persigue y no me alcanza.
Detiene otoño el paso a la mudanza
que en la luz, en el aire se extasía;
los árboles son llamas, su alegría
enciende ya mi bienaventuranza.
Todo pasó. Todo quedó lo mismo:
como si en este otoño floreciera,
ardiendo en el fulgor de su espejismo,
última para mí, la primavera;
abismo del no ser al ser abismo,
la eternidad del tiempo prisionera.
José BERGAMÍN
lunes, 20 de febrero de 2012
SEMÁFORO
Esa chica que espera ahí enfrente
en el semáforo
¿quién será?, ¿a dónde irá?,
¿de dónde vendrá,
con el bolso en bandolera?
Lleva un abrigo azul...
Guardará en ese bolso revuelto
pañuelos de papel,
su carnet de identidad
y el número de un anuncio
anotado en su agenda.
Parece frágil, cordial,
pero no sé nada de ella.
Pasa un furgón de policía,
suena una sirena de ambulancia.
Pudo ser la mujer de mi vida
si un día la hubiera
conocido en una fiesta,
en cierta ocasión...
Pero no sé nada de ella.
Hay un rumor de motores...
El semáforo en rojo y la chica
también me mira
¿Qué estará imaginando?
¿Qué pensará de mí,
con aire ausente? Tal vez
falte un amor en su vida.
Pasa un furgón de policía
suena una sirena de ambulancia.
Ya se ha puesto el semáforo verde,
la chica avanza
hacia mí, yo hacia ella:
los dos al cruzar
sonreímos un instante...
Y no la sé retener.
Al llegar cada cual a su acera
ya para siempre
nos habremos olvidado.
Breve ilusión
en la noche que se enciende.
Llevaba un abrigo azul...
Nunca más volveré a verla.
Pasa un furgón de policía,
suena una sirena de ambulancia.
Llevaba un vestido azul.
Manuel VICENT
en el semáforo
¿quién será?, ¿a dónde irá?,
¿de dónde vendrá,
con el bolso en bandolera?
Lleva un abrigo azul...
Guardará en ese bolso revuelto
pañuelos de papel,
su carnet de identidad
y el número de un anuncio
anotado en su agenda.
Parece frágil, cordial,
pero no sé nada de ella.
Pasa un furgón de policía,
suena una sirena de ambulancia.
Pudo ser la mujer de mi vida
si un día la hubiera
conocido en una fiesta,
en cierta ocasión...
Pero no sé nada de ella.
Hay un rumor de motores...
El semáforo en rojo y la chica
también me mira
¿Qué estará imaginando?
¿Qué pensará de mí,
con aire ausente? Tal vez
falte un amor en su vida.
Pasa un furgón de policía
suena una sirena de ambulancia.
Ya se ha puesto el semáforo verde,
la chica avanza
hacia mí, yo hacia ella:
los dos al cruzar
sonreímos un instante...
Y no la sé retener.
Al llegar cada cual a su acera
ya para siempre
nos habremos olvidado.
Breve ilusión
en la noche que se enciende.
Llevaba un abrigo azul...
Nunca más volveré a verla.
Pasa un furgón de policía,
suena una sirena de ambulancia.
Llevaba un vestido azul.
Manuel VICENT
domingo, 12 de febrero de 2012
domingo, 15 de enero de 2012
EL SNOB
Se compra un diccionario de Español-lnglés
se deja la barbita y la melena.
Se aprende las palabras very nice y yes
y empieza firmemente su carrera.
Coloca algunos posters en su habitación
y aprende a comportarse en sus maneras.
Se da una vueltecita por Televisión
y luego salga el sol por donde quiera.
Cuánto ganaría esta canción
si en vez de sí, dijera no.
Cuánto ganaría el pobre autor
si fuera inglés, y no español.
A veces es objeto de una invitación
a las presentaciones extranjeras.
Colgado al hombro lleva su magnetofón
y exige una butaca delantera.
Se toma medio whisky de barril, y tal
y mira con marcada indiferencia
las cosas que comentan a su alrededor
y busca un entendido en la materia.
Cuánto ganaría esta canción
si en vez de sí, dijera no.
Cuánto ganaría el pobre autor
si fuera inglés, y no español.
Los viajes son frecuentes a París, London
buscando la noticia callejera
y luego nos comenta que en el Albert Hall
charló con casi todas las estrellas.
Nos cuenta que pasó por una gran boutique
que trajo camisetas y vaqueros.
Nos dice que la música española está
subiendo poco a poco algún entero.
Cuánto ganaría esta canción
si en vez de sí, dijera no.
Cuánto ganaría el pobre autor
si fuera inglés, y no español.
Se viste como Adán para escuchar a Paul
y enciende la cerilla en la moqueta.
Apaga los plafones de la Siting room
y guarda su reloj en la chaqueta.
Le aburren los flirteos con las sexi girls
es algo que ya tiene superado.
Su mundo esta encerrado en una discoteque
en un vaso de whisky y un cigarro.
Cuánto ganaría esta canción
si en vez de sí, dijera no.
Cuánto ganaría el pobre autor
si fuera inglés, y no español.
José Luis PERALES
se deja la barbita y la melena.
Se aprende las palabras very nice y yes
y empieza firmemente su carrera.
Coloca algunos posters en su habitación
y aprende a comportarse en sus maneras.
Se da una vueltecita por Televisión
y luego salga el sol por donde quiera.
Cuánto ganaría esta canción
si en vez de sí, dijera no.
Cuánto ganaría el pobre autor
si fuera inglés, y no español.
A veces es objeto de una invitación
a las presentaciones extranjeras.
Colgado al hombro lleva su magnetofón
y exige una butaca delantera.
Se toma medio whisky de barril, y tal
y mira con marcada indiferencia
las cosas que comentan a su alrededor
y busca un entendido en la materia.
Cuánto ganaría esta canción
si en vez de sí, dijera no.
Cuánto ganaría el pobre autor
si fuera inglés, y no español.
Los viajes son frecuentes a París, London
buscando la noticia callejera
y luego nos comenta que en el Albert Hall
charló con casi todas las estrellas.
Nos cuenta que pasó por una gran boutique
que trajo camisetas y vaqueros.
Nos dice que la música española está
subiendo poco a poco algún entero.
Cuánto ganaría esta canción
si en vez de sí, dijera no.
Cuánto ganaría el pobre autor
si fuera inglés, y no español.
Se viste como Adán para escuchar a Paul
y enciende la cerilla en la moqueta.
Apaga los plafones de la Siting room
y guarda su reloj en la chaqueta.
Le aburren los flirteos con las sexi girls
es algo que ya tiene superado.
Su mundo esta encerrado en una discoteque
en un vaso de whisky y un cigarro.
Cuánto ganaría esta canción
si en vez de sí, dijera no.
Cuánto ganaría el pobre autor
si fuera inglés, y no español.
José Luis PERALES
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